Son increibles las pasiones que la política pueden despertar en las personas.
Durante la semana pasada vivimos en la Universidad un proceso demotrático para la elección de la nueva Presidencia de la Sociedad de Alumnos. Hubo tres candidatos: dos hombres (abogados) y una mujer (administradora), los tres hicieron sus campañas, dieron a conocer sus propuestas y pedían el voto del alumnado.
El lunes se llevó a cabo el debate en el que pudimos conocer las capacidades de cada candidato para expresarse verbalmente y ahondar más en sus propuestas. El claro ganador fue uno de los abogados, lamento admitir.
Ayer, finalmente, se llevaron a cabo las elecciones. Las casillas abrieron a las 10 de la mañana y durante todo el día pude constatar un flujo de electores muy constante. Finalmente cerraron a las 6:30 de la tarde. Desde un poco antes del cierre estuve cerca de la casilla para, en el momento que fuera necesario, atender mi obligación como escrutador de la misma.
Nos enecerramos en uno de los salones del “Búho”, donde dicen que se aparece la monja, y comenzó la sesión de la Comisión Escrutadora. Esperamos a que llegaran los paquetes de las demás casillas y comenzamos. No estoy en libertad de decirles lo que pasó dentro, pero les diré que se nota el esfuerzo que hay detrás de los organizadores de las elecciones y de las mismas planillas. Procedimos al conteo de votos ante representantes de la Sociedad de Alumnos, de las planillas y de la Rectoría. Haciendo cálculos muy general, se tuvieron cerca de 1,000 votos de una comunidad estudiantil de 1,600, lo que denote un grave abstencionismo.
Finalmente se anunció el/la ganador(a) no estoy seguro de que se pueda decir ya, creo que sí, pero será mejor tener precaución. Lo que siguió después del anuncio es algo que no me corresponde contar ni a ustedes les corresponde escuchar.
Mañana será la toma de protesta de el/la nuevo Presidente/a en el auditorio, hoy comenzamos a pensar en el futuro, en lo que pasará en un año.
¿Podrá ser? ¿Llegaremos? Es algo que me han dicho muchas veces, y esta vez pienso escuchar.
No somos punto muerto.